Todos los jóvenes tienen el mismo sueño: salvar el mundo. Algunos lo olvidan rápidamente, convencidos de que hay otras cosas importantes que hacer, como formar una familia, ganar dinero, viajar y aprender una lengua extranjera. Otros, sin embargo, deciden que es posible tomar parte en algo que suponga una diferencia en la sociedad y en la manera en que el mundo les será entregado a las generaciones futuras.
El vencedor esta solo- Paulo Coelho
Hoy en día los jóvenes carecen de fe y creencias, pero sueñan con salvar el mundo y marcar la diferencia. ¿Cómo lograrían esto si no creen ni tienen fe? Los jóvenes somos la inversión familiar, ¿Por qué? Porque, nos dan una buena educación, los mejores estudios universitarios, etc. Esto lo hacen para que en un futuro ganemos dinero, podamos mantener a nuestra familia e incluso salvemos el mundo. Básicamente, a mi punto de vista, esto de “salvar el mundo” es lo que nuestros padres quieren. Ellos quieren que seamos los mejores, que nuestra familia este bien, nuestros hijos, hasta para ellos mismos.
Ejemplo #1
Cuando inicie mis estudios en el colegio americano nicaragüense, mi madre sabia que la presión social seria fuerte para nosotras. Sin embargo, me enseño valores que me hicieron mejor persona que muchos de los que estaban ahí. Lo que ella mas quería era que me graduara de uno de los mejores colegios de Nicaragua, con un ingles casi perfecto. Ella sabía que esto me abriría puertas a lo largo de mi futuro y que tendría un mejor trabajo gracias a ello. Ahora pienso igual, y sé que hare lo mismo con mis hijos, con la ventaja de que les hablara ingles desde pequeños.
Ejemplo #2
A mis 21 años de edad, he llegado a pensar que al terminar mi carrera quisiera poder trabajar para la agencia publicitaria target – ogilvy, ya que tiene un alto prestigio y se que tendría un buen salario. Para lograr esto debe de ponerlo mucho empeño y esto requiere de creer en mi misma. Quiero llegar a ser la directora creativa de esta agencia, esto me daría un lugar en la sociedad y mis hijos tendrían más oportunidades de tener una visión y misión.
Ejemplo #3
En el año 2010, cursaba mi tercer año en la universidad iberoamericana de ciencia y tecnología, pero iniciando el año escolar sentí que había algo diferente: desmotivación. No sabía que estaba pasando, solo sabía que había un problema ò varios. Llegue al punto de deprimirme y pensé que cuando llegara la semana santa estaría bien, pero no fue así. Note que en parte el problema estaba entre mis compañeras, había un problema del cual no tenía la menor idea.
Durante semana santa ellas se van a poneloya al igual que yo, y la única vez que nos reunimos fue incomodo, raro y poco agradable. Al regresar a Managua deje pasar el tiempo, agarre agallas, y pregunte qué era lo que estaba pasando. Ninguna supo que responder, pero seguí insistiendo, llegue al punto de rogarles para que me dijeran y fue cuando explotaron las cosas. Nunca fue un problema, era envidia. Cuando ellas me dejan saber esto, inician los problemas. De verdad, y en su totalidad, son personas malas – para no ponerlo en un término poco agradable- pero siempre uno encuentra una frase, y la mía es “Déjale todo a Dios, el tarda, pero jamás olvida”.
Sin embargo, el problema llego a ser peor, ya no solo era con ellas sino también con docentes. Aunque no me lo crean dos de mis docentes estaban en esa mafia, circulo vicioso, como le quieran llamar. Fue cuando me dije que necesitaba un cambio, me había cansado, agotado, la desmotivación ya no solo era en los estudios también era conmigo misma, era como persona. Hable con las mayores autoridades de la universidad, psicóloga, rector, sería más fácil preguntar ¿con quién no hable para arreglar este problema?, pero ninguno supo cómo.
Exactamente el 15 de octubre retire matricula, pero el “cuchicheo” no paró ahí. Ya no solo me ofendían a mí, ofendían a mi mamá. Pensé que si ya me habían hecho caer una vez y me había levantado, no habría fuerza natural para que ese trió me hiciera caer de nuevo. Un día después de mi trabajo, toma las llaves de mi carro y salí hacia la UNICIT, pero sabía que ninguna de las tres sabía hablar, solo sabían gritar, seguí adelante. Al llegar les pedí hablar con ellas, y tal como lo había pensado, inician los gritos. Las escuche por aproximadamente 5 minutos, cuando pensé que las señoritas ya habían terminado hable, hable y hable hasta llegar a mi punto, pero ni como los animales, ellas no llegaron a entender.
Gracias al apoyo de mi madre que tanto amo, me veo nuevamente emocionalmente estable, sonriendo, siendo feliz. A veces los jóvenes permiten que otra persona controle sus vidas, y no debería de ser así. Por dejarte manipular por alguien que no vale la pena, podes llegar a andar en “malos pasos”, o incluso no llegar a ser un profesional. Entonces, te veras en las calles, con una mano adelante y otra atrás, esto para muchas personas, es satisfacción. No dejemos que nadie más tome decisión por nosotros, menos, que nos anden de títeres.

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